Un grupo de 20 niños de la U.E. Clodosbaldo Russián de Güirintal, municipio Bolívar, acompañados por sus profesores y representantes, además de integrantes del Núcleo de Robótica “Dr. Aquiles Medina” de Fundacite, guiados por los investigadores Tania Ramírez y Jesús Bello, biólogos de la Universidad de Oriente, recorrieron entre el manglar y la playa de la ensenada Carenero la mañana del jueves 22 de mayo bajo el sol temprano. Durante la actividad, exploraron una trama de mangles, crustáceos, anémonas y algas.
La chiquillada se mostró fascinada por el senderismo mientras los profesores explicaban las peculiaridades del paisaje, un tesoro que niños y representantes deben proteger, sobre todo por los interesantes datos que el profesor Bello compartió: “Las playas y costas constituyen ecotonos muy valiosos por su papel como hábitat de especies que viven precisamente entre los mundos terrestre y marítimo”.
Otro dato que no pasó desapercibido para los niños y representantes fue que los manglares representan solo el 1 % de los bosques del mundo, pero el 90 % de estas formaciones vegetales se encuentran en paisajes tropicales.
Además, la profesora Tania resaltó que estos ecosistemas pueden almacenar carbono hasta cinco veces más que otros bosques tropicales, y durante miles de años. Por esta razón, los manglares, junto a marismas y praderas marinas, son considerados ecosistemas de “carbono azul”.
Varios representantes y niños destacaron el renovado interés en la protección y recuperación de estas áreas costeras. Como ejemplos de esta realidad tenemos las jornadas de limpieza periódica organizadas por el Museo del Mar, el Instituto Oceanográfico de la UDO, Minec, y organizaciones como Akehe, entre otras, en las que también participan los Semilleros Científicos.
El profesor Jesús Bello recalcó que en Venezuela existen cuatro especies predominantes de mangles: Rhizophora mangle (mangles rojos); Avicennia germinans (mangles negros); Laguncularia racemosa (mangle blanco); y Conocarpus erectus (mangle botoncillo).
Los investigadores se deleitaron respondiendo las preguntas de los niños al cabo de una brillante exposición sobre el funcionamiento de ese ecosistema.
Con la unión de la tierra y el mar como testigos, culminamos con el ritual que clama al unísono el lema que nos identifica: ¡Nadie más inteligente que todos juntos!
